En medio de la temporada del Festival Internacional Cervantino, las calles y los edificios guanajuatenses han servido para construir anécdotas, pasajes personales, decepciones artísticas, diversiones callejeras… Encuentros y desencuentros de un festival que ha pasado por distintos momentos: del esplendor a las crisis; de la aceptación a las molestias, y de las quejas a los reproches.
Llegar a 35 años de existencia no resulta sencillo dentro de una tradición dominada por las decisiones sexenales, pero el FIC lo ha conseguido no sólo como el más importante de México, sino como uno de los más reconocidos en el mundo, que hasta la fecha ha convocado a más de 44 mil artistas en alrededor de mil 600 funciones.
El encuentro artístico y cultural nació a raíz de los entremeses cervantinos, impulsados en 1952 en la Plaza de San Roque por Enrique Ruelas, que 20 años después darían origen al Festival Internacional Cervantino.
Esta fiesta cultural se desarrolló por primera vez del 29 de septiembre al 18 de octubre, a iniciativa de Dolores del Río, quien asumió la presidencia del patronato.
El Cervantino, que vio la luz durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez, tenía un fin eminentemente turístico y económico. En esa primera ocasión participaron 14 países y 118 funciones.
Es hasta el 20 de marzo de 1975 que se instituye oficialmente y se establece un comité organizador, el mismo año en que se inaugura el Museo Casa Diego Rivera, que rinde homenaje a uno de los tres grandes del muralismo.
Prácticamente desde su origen comenzó a definirse el carácter polémico que ha contribuido a la historia del Cervantino. En aquella época, por ejemplo, el Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA) decide participar en esta fiesta desarrollada en Guanajuato, bajo el argumento de contrarrestar el sentido elitista del FIC.
El derroche de los millones
En 1977, el festival comenzaría a vivir una etapa de esplendor, ya que asumiría la presidencia del Consejo Consultivo nada más ni nada menos que Carmen Romano, esposa del Presidente en turno, José López Portillo.
Con la finalidad de impulsar la creación literaria de la lengua de Cervantes, la primera dama instituyó el premio Literario Internacional Ollin Yoliztli, dotado de una bolsa de 50 mil dólares. Y a pesar del desacuerdo de la prensa, se designó como ganador a Octavio Paz, cuando la crítica era de la opinión que lo merecía Juan Rulfo.
Las notas periodísticas que descansan en el Archivo de la Hemeroteca Nacional coinciden en que en aquellos años no se escatimaban recursos; ello propició que aumentara la calidad y el número de artistas y compañías invitados.
Como nunca, Guanajuato fue escenario de los mejores artistas del mundo: se presentó Mstislav Rostropóvich frente a la Orquesta Sinfónica Nacional de Washington; el flautista Jean Pierre Rampal; la bailarina Martha Graham; Alicia Alonso con el Ballet Nacional de Cuba, y qué decir de Ghislaine Thesmar, del Ballet de la Opera de París; o de Carla Fracci, de la Scala de Milán.
Uno de los mejores regalos del sexenio en materia artística y cultural fue la actuación del primer bailarín Rudolf Nureyev del Ballet de Boston. Corría el año de1982 cuando el festival contó con un presupuesto envidiable de 146 millones de pesos.
En el sexenio de Miguel de la Madrid el festival cambió su fecha de realización para no padecer la falta de suministro de agua, pues el exceso de turismo dejaba las presas sin el vital líquido. Y no sólo eso, se anuncia que el Cervantino sería austero económicamente, pero significativo artística y culturalmente.
Fue un éxito la presentación del ballet Bolshoi en la Alhóndiga de Granaditas, donde se presentó de forma gratuita, no así en el Teatro Juárez, donde se cobraron 600 pesos, y en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, donde el público desembolsó 5 mil pesos.
En este periodo se creó la Orquesta Filarmónica del Bajío dirigida por Sergio Cárdenas. Aparentemente el festival revive, sin embargo, se empiezan a hacer evidentes los desencuentros entre el gobierno federal, estatal y municipal.
El pintor guanajuatense José Chávez Morado cada vez que podía cuestionaba el centralismo y la opulencia, lamentaba que los guanajuatenses siguieran “siendo boleros y meseros del Cervantino”.
Además, hacia 1988 las autoridades estatales se quejaban de que el FIC se hubiera convertido en la “la cantina más grande del mundo” al erigirse en la “capital del degenere para los cientos de jóvenes que gustan del alcohol y el reventón”.
Como gobernador interino, Carlos Medina Plascencia exigió “guanajuatizar” el Cervantino, incluso propuso que el decreto presidencial que otorgó al gobierno federal la organización del FIC fuera derogado.
A partir de 1992 fueron prohibidas las concentraciones de jóvenes en el centro de la ciudad. Para ello, instalaron casi medio centenar de macetas en las escalinatas del Teatro Juárez.
Ante las presiones locales, Sergio Vela, director del FIC en aquel momento, anunció que el Comité Organizador cambiaría su sede a la ciudad de Guanajuato. Pero esa decisión fue por algunos años, ya que en la actualidad las oficinas están en Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México.
Las transformaciones desde Guanajuato
Como gobernador, Vicente Fox siguió la línea de su antecesor y canceló la conferencia de prensa que se organizaba en Bellas Artes para anunciar el programa del FIC; durante su mandato la organizó en el Teatro Juárez.
La intervención de los guanajuatenses en la toma de decisiones se formaliza hacia 1996. Un año más tarde se crearía el Consejo Consultivo integrado por reconocidos artistas.
Los años subsecuentes, y en particular los encabezados por el gobierno de Juan Carlos Romero Hicks se convocó a 2 millones 147 mil 155 espectadores y la participación de los Guanajuatenses se amplió significativamente, “de ser los boleros y meseros” pasaron a ocupar un lugar en los escenarios. De esta manera 1 mil 493 artistas actuaron en espectáculos de danza, música y teatro.
Dentro de este abanico de espectáculos destaca la presencia, en la edición número 30 del FIC, de Los Tigres del Norte, agrupación con una trayectoria de más de tres décadas, ventas millonarias y giras internacionales de sus discos.
A pesar de que este tipo de propuestas musicales era apreciada por quienes no acuden a los foros cervantinos y se había vuelto una tradición, desde el año pasado se suspendieron. Para esta edición se anunció que no habrá espectáculos callejeros, por la amenaza de lluvias.